La expansión de la inteligencia artificial está obligando a repensar una de las grandes piezas invisibles de la economía digital: los centros de datos. Estas infraestructuras sostienen el funcionamiento de modelos de IA, plataformas en la nube, servicios digitales y sistemas de procesamiento masivo de información, pero también consumen enormes cantidades de energía, agua y suelo.
China ha decidido explorar una solución poco habitual: trasladar parte de esa infraestructura al fondo del mar. En la bahía de Qingshui, en la provincia de Hainan, funciona un centro de datos submarino comercial diseñado para aprovechar la refrigeración natural del océano y reducir el consumo de recursos frente a las instalaciones tradicionales en tierra.
El proyecto, impulsado con la participación de Shenzhen HiCloud Data Center Technology Co., Ltd., combina módulos sumergidos con energía eólica marina, una fórmula que busca responder a uno de los grandes desafíos de la inteligencia artificial: cómo sostener su crecimiento sin multiplicar de forma descontrolada su impacto energético y ambiental.
La IA dispara la demanda de centros de datos
Desde la popularización de herramientas como ChatGPT, Gemini, Copilot, Claude o Grok, la inteligencia artificial se ha convertido en una tecnología de uso masivo. Millones de usuarios realizan consultas, generan textos, imágenes, código o análisis, y cada una de esas operaciones necesita capacidad de procesamiento.
Detrás de esa experiencia aparentemente instantánea hay una red de servidores que trabajan de forma continua. Los centros de datos deben mantenerse activos las 24 horas del día, con sistemas de alimentación, refrigeración, seguridad y conectividad capaces de soportar una demanda creciente.
El problema es que estas instalaciones requieren grandes cantidades de electricidad y, en muchos casos, también agua para los sistemas de refrigeración. A medida que la IA se expande, las empresas tecnológicas buscan nuevas ubicaciones y modelos más eficientes para instalar esta infraestructura crítica.
Hainan, una isla con limitaciones de suelo y agua dulce
La provincia china de Hainan presenta unas condiciones especialmente complejas para el desarrollo de centros de datos convencionales. Al tratarse de una isla tropical, cuenta con recursos terrestres limitados, escasez de agua dulce y un clima cálido y húmedo durante buena parte del año.
Estos factores dificultan la construcción y operación de grandes instalaciones terrestres. La refrigeración se vuelve más exigente, el consumo energético aumenta y la disponibilidad de suelo se convierte en un problema estratégico.
En este contexto, el mar aparece como una alternativa. La ubicación bajo el agua permite aprovechar la temperatura y el movimiento natural del océano para mantener los servidores refrigerados sin depender tanto de sistemas tradicionales de climatización.
Un centro de datos submarino a 35 metros de profundidad
El centro de datos submarino de Hainan está situado bajo la bahía de Qingshui, a unos 35 metros de profundidad. Su estructura está formada por módulos con forma de cápsula diseñados para operar de manera continua en un entorno marino.
Estos módulos alojan servidores capaces de procesar grandes volúmenes de datos, mientras el agua del mar ayuda a disipar el calor generado por los equipos. La idea es sencilla en concepto, pero compleja en ingeniería: utilizar el entorno natural como parte del sistema de refrigeración.
A diferencia de los centros de datos terrestres, donde es necesario dedicar grandes superficies a salas técnicas, sistemas de climatización y separación entre racks, este modelo busca reducir la dependencia de suelo y agua dulce.
Energía eólica marina para alimentar la infraestructura digital
Uno de los elementos más relevantes del proyecto es su vinculación con la energía eólica marina. El objetivo es que este tipo de infraestructura digital pueda apoyarse en fuentes renovables próximas, reduciendo la presión sobre la red eléctrica convencional y disminuyendo las emisiones asociadas a su funcionamiento.
La combinación de refrigeración oceánica y energía eólica sitúa el proyecto dentro de una tendencia cada vez más importante: hacer que los centros de datos sean más eficientes, más sostenibles y menos dependientes de recursos escasos.
En el caso de Hainan, esta solución encaja también con la estrategia de desarrollo digital del puerto de libre comercio de la isla, que requiere una gran capacidad de procesamiento para servicios de datos y conectividad internacional.
Ahorro de agua, electricidad y emisiones
Según los datos aportados por la compañía responsable del proyecto, la primera fase del centro de datos submarino puede generar ahorros importantes frente a una instalación terrestre tradicional de tamaño equivalente.
A plena capacidad, el sistema permitiría ahorrar unas 26.000 toneladas de agua al año y alrededor de 3,4 millones de kilovatios-hora de electricidad. Además, la reducción estimada de emisiones de carbono alcanzaría aproximadamente las 2.720 toneladas anuales.
La empresa compara este impacto con la plantación de casi 150.000 árboles, una forma de dimensionar el potencial ambiental de este tipo de infraestructura si logra escalarse de forma segura y eficiente.
Refrigerar servidores con el propio océano
La refrigeración es uno de los mayores costes operativos de cualquier centro de datos. Los servidores generan mucho calor, especialmente en instalaciones dedicadas a inteligencia artificial, donde los equipos de alto rendimiento trabajan de forma intensiva.
En tierra, esto obliga a utilizar sistemas de climatización, ventilación o refrigeración líquida que consumen energía y recursos. Bajo el mar, el entorno proporciona una fuente de enfriamiento constante que puede reducir parte de esa carga.
La lógica del proyecto es aprovechar el agua marina como un sistema natural de disipación térmica. De esta forma, los servidores pueden mantenerse dentro de rangos seguros de temperatura con una eficiencia energética superior a la de muchas instalaciones convencionales.
Una infraestructura pensada para servicios de datos internacionales
La ubicación de Lingshui, en Hainan, no responde solo a criterios ambientales. La zona cuenta con estaciones de aterrizaje de cables submarinos internacionales operadas por grandes compañías de telecomunicaciones.
Esto convierte el enclave en un punto estratégico para gestionar servicios de datos transfronterizos. La proximidad a estas conexiones permite mejorar la capacidad de comunicación y refuerza el papel de Hainan como nodo digital dentro de la región.
El proyecto se ha planteado en varias fases y busca aprovechar tanto los recursos marinos como la infraestructura de conectividad ya existente.
Los centros de datos buscan nuevas fronteras
La presión que genera la inteligencia artificial sobre la infraestructura digital está llevando a gobiernos y empresas a buscar soluciones cada vez más ambiciosas. Algunas compañías estudian centros de datos en el espacio, mientras que China está probando el camino inverso: llevarlos al fondo del mar.
Ambas ideas responden al mismo problema. La demanda de procesamiento crece a gran velocidad, pero los recursos necesarios para sostenerla no son ilimitados. Energía, agua, suelo, refrigeración y conectividad se han convertido en factores críticos para el futuro de la IA.
En este contexto, los centros de datos submarinos podrían convertirse en una alternativa para regiones costeras con limitaciones de espacio o dificultades para refrigerar grandes instalaciones terrestres.
Una posible vía para hacer más sostenible la IA
El centro de datos submarino de Hainan muestra cómo la infraestructura tecnológica puede adaptarse al territorio en lugar de imponer siempre el mismo modelo. En una isla tropical con escasez de suelo y agua dulce, sumergir servidores y alimentarlos con energía eólica marina ofrece una solución alineada con las condiciones locales.
Aunque todavía queda por ver hasta qué punto este modelo puede escalarse y replicarse en otros lugares, el proyecto plantea una pregunta clave para el futuro: cómo alimentar la inteligencia artificial sin disparar su coste ambiental.
La IA necesita cada vez más capacidad de cálculo, pero también nuevas formas de hacer sostenible ese crecimiento. China ha encontrado en el mar una posible respuesta: centros de datos sumergidos, refrigerados por el océano y conectados a fuentes renovables para sostener la próxima fase de la revolución digital.